martes, septiembre 29, 2009

Crítica de discos - Michael Mike "Ama tu ritmo" - Agosto 07

Michael Mike no es para nada el tipo de bandas que me gustan, mucho menos simpatizan, y menos que menos que menos de las que me llegan al corazón o identifican. Pero hay algo en la música (en la suya, y en la música en gral) que va más allá. No se si es algo malo o bueno, pero existe, y hace que, aunque no sea del tipo mío, esta banda me guste (a veces...).







Supe de ellos por un tributo a una de mis bandas preferidas de todos los tiempos, Don Cornelio y la Zona. Este disco supuestamente tributo me pareció nefasto, pero no es lugar para hablar de ello. En fin, tenía una versión de "Botes Quebrados" hecha por Michael Mike. Me pareció delirante, y con cierta deformidad que daba resultado. Me pareció, al menos, osada.



Luego de localizar a la banda, los fui a ver en vivo. Una de esas noches en las que salgo solo, a ver una banda que no conozco, y por eso manejo cierto espíritu de libertad que me permite hablar mejor con gente desconocida, y relacionarme más elasticamente con el asunto. Pero a la buena voluntad de mi gesto, hay que sumarle el nunca ausente resentimiento. Palermo, gente muy lookeada, minas hermosas con el tipo de belleza que el dinero SI puede comprar. Muchos chetos (me disculparán los que piensan que es un término antiguo, infantil o inválido, pero yo creo que mientras siga habiendo gente que gastó más de mil pesos en indumentaria que dejará de usar la siguiente temporada, lo voy a seguir usando), mezclados entre unos pocos humanos.



(Dirán ¿Qué culpa tiene un grupo de rock del resentimiento de un pibe que escucha música? Contesto con una anécdota: durante el apogeo de los Rollingas y el cántico "que se muera Cerati la puta madre...", Nomeacuerdoquien dijo: "Por cada vez que el boludo de Cerati habla, 10 pibes que lo leen se hacen rollingas". Y si.)



Volvamos... prejuzgando, la cosa no pintaba bien. No me acuerdo mucho de lo que pasó esa noche, pero si de las impresiones. Michael Mike salió a escena, y eran como 6 tipos todos coloridos (con accesorios, anteojos negros locos, ropa deportiva vintage, zapatillas zarpadas, etc.) Sorprendían algunos de los bártulos que tenían para tocar. Desde abajo del escenario no se veía bien, pero creo que habían dos tecladistas o chabones que disparaban elementos simil teclados o sintes (sonó una caja de ritmos en algunos temas). Además, guitarras, bajo, batería, elementos de percusión y no se que otra cosita... Durante el show, los pibes rotaban sus instrumentos, se pasaban la voz cantora, y las canciones, concecuentemente con estos cambios constantes, eran muy diferentes entre sí. La gente bailaba a pleno, y el show se prestaba. Sonaban joya.




Muchos de los temas me parecían una mariconada, pero derrepente, aparecía el M.M. pelado (gralmente encargado del bajo), y cantaba lo que después me enteré eran SUS canciones. Un repertorio bastante deforme e incorrecto. En fin, me daba cuenta que era una banda cancheril y medio boludizante en algún punto, y que tenía mucho de esa ilusión conchetoide y posmoderna de la aldea global (un pibe vestido raro, y cantando en ruso una chanson francesa pero tocando un charango). Por otro lado, la musicalidad del grupo le estaba ganando una batalla a la pose (y eso que la pose era mucha). La diversión musical, se imponía (sobretodo en los temas del pelado, como uno que decía "Soy hijo judío desde que nací...") a la especulación cínica de quienes sólo quieren "pegarla"; y el logro expresivo, a la postura hippie chic tercermundista.

¡Nota sobre el disco!


Después me llegó el disco, que reseñé para Inrocks (clickeando en la foto pueden leer la nota) y, descripciones al margen, no pude encontrar esos temas que me gustaban. Pero si estaba el eclecticismo, y toda esa mierda de la aldea global... estaban las mariconadas (que me hicieron acordar a illya kuryaki o Babasónicos), pero también se filtraba esa química de grupo de amigos que, por una razón u otra, se puso a jugar con los aparatos y a hacer música, llegando a lugares muchas veces sorprendentes.

El dato sabido: los temas que más me gustaban estaban en otro disco, un CD-R que hicieron mientras grababan el "Oficial" y que titularon: "Delen! el disco de abajo". En el myspace del grupo http://www.myspace.com/michaelmike se pueden oir dos de los mejores temas de este disco ("Gente de color" y "Novedades"); y como si fuera poco, en el mismo myspace se pueden comparar con A Bailar Horror, una de las garchas seudo hiteras del disco "oficial" de Michael Mike.

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viernes, diciembre 29, 2006

En la ruta del árbol, en busca de Paoletti...


Juglar distorsionado y poeta maldito del rock. Destinado al culto, Adrián Cayetano Paoletti fluyó como el río, y empapó con su arte más de lo que todo aquel que lo desconoce se imaginaría. Nunca a merced de los muchos que no se enteraron, ni de los pocos que lo aclamaron, decidió un día del 2000 dejar de tocar públicamente ¿Dónde está Paoletti? Donde siempre estuvo, exactamente donde quiere estar.
Por Ramiro Baca Paunero.


Arrancando desde Constitución, en la formación que va y viene de Ezeiza, tengo que bajar en la parada número doce. Monte Grande se ubica al sur del conurbano bonaerense, suficientemente cerca de Capital Federal como para nutrirse de su historia cultural y artística, y suficientemente distante como para, en algún momento, ponerse a escribir una historia propia. Esa teoría es aplicable en casi todas las estaciones del ex ferrocarril Roca: Lanús, tierra de los aristo-villeros Babasónicos (ahora conocidos como Babacínicos...); Banfield, localidad de los futuristas Estupendo y el barrió inglés-ferroviario de Temperley, ámbito de los seudo ingleses y casi ferroviarios Juana la Loca. Un ramal de la vía conduce a Adrogué, punto de encuentro cultural bien representado por Victoria Mil, Placer y Emisor. En vez de eso, mi formación tuerce su rumbo y un par de estaciones después de Turdera, locación de El Otro Yo, aterrizo en pleno Monte Grande.
Tengo la ridícula idea de que podría frenar a cualquier transeúnte y preguntarle por Paoletti. Veo uno más con remera de Los Piojos, y una nenita con mochila de Miranda, pero entre todos aquellos colores que viajan por los medios masivos, encuentro una persona, de esas que son simplemente personas, y quien sabe cuantas cosas más, aunque siempre del lado de adentro. “Para llegar a esa dirección” me dice, amable y dubitativo el viejo, “arrancá por el camino de los Tilos y los Paraísos, y a la quinta esquina dobla a la izquierda. Ahí tenés que seguir 6 cuadras bajo los Plátanos...” Y aunque se trata de una localidad semi urbana, con edificios de estación, manzanas cuadradas, y su respectivo Macoñals y Musinmundo, extrañamente, a lo del cantor puede llegarse siguiendo las instrucciones del viejo... siguiendo la ruta del árbol.
A las cuatro en punto, la misma voz apagada y serena que el día anterior vía teléfono me había indicado “Mi casa tiene techo de loza, en la puerta vas a ver un fiesta blanco, mi coche”, ahora me invita a pasar. Habíamos convenido una entrevista hasta las cinco de la tarde, ya que a esa hora debía pasar a buscar a su hijo por el jardín. Una vez adentro, me propone realizar la nota bien alla Paoletti: “Vamos abajo del ciruelo, es más lindo ahí”. Termo y mate en mano, hace un esfuerzo descomunal para abrazar dos sillitas de madera y un reloj despertador a pilas. Me hace señas con la cabeza, para que aporte trasladando una mesita destartalada, con patas de hierro y unas tablas desechas por la intemperie, sobre la que coloca, además, el reloj digital. Y esto es Paoletti, su guitarra distorsionada como ese hierro oxidado, en comunión con la tecnología digital barata y la madera a medio estropear comparable a su particular voz, todo en medio de un paraíso pastoril. Un jardín alargado y melancólico, poblado de arbustos, algunos árboles, un banco de plaza con la pintura desgastada y una deshecha y diminuta calesita. En el medio, un ciruelo con un tipo abajo, que bien podría ser el empleado del banco, la farmacia o un cartero. Sólo que este cartero me cuenta cómo a principios de los noventa formó parte de la escena más importante del rock argentino:

Paoletti: En 1988 fue el primer recital de Copiloto Pilato...




Y así empieza la nota hecha a Paoletti. Un rico reportaje pulicado en el último número de revista "La Otra". Pueden comprar la revista en muchos kioskos de capital (sobretodo dentro del subte o en las avenidas mas importantes), o pedirla a: revistalaotra@yahoo.com o al 4918-6173

Que empiecen bien el año, Rama.

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jueves, octubre 19, 2006

Travesti – Las Tinieblas del Romance – Trans-tornado discos 2005


Travesti es un dúo del conurbano bonaerense sur. Sus dos integrantes pertenecen a las localidades de Burzaco y Temperley cada uno, pero han crecido en torno al circuito cultural de Adrogué, enfrentados-a, hermanados-con, o apadrinados-por bandas como Victoria Mil y Emisor. No obstante, han tocado y alimentado muchísimo un punto de agitación que parece ser el de mayor actividad creativa en la primera mitad de esta década: la pizzería El Tío de Burzaco.
Tanto la realidad tiempo-espacial de los Travesti, como su formación “instrumental” (entre comillas), aparecen en forma absolutamente condicionante en su música, en su estilo.

Tiempo y espacio: El rock está desde mediados del siglo veinte. Se impuso como cultura naciente de la juventud, y se respondió como contra cultura tantas veces como se había impuesto. Se mecanizó la cuestión. Sus actores, casi siempre inconscientes de ello, han respondido a la lógica de su tiempo y lugar. Como cada tiempo y lugar son diferentes, se han ido dando mutaciones, y tenemos una gran variada gama de sonidos, posturas, ideas... en fin, formas. Con ayuda de los (tan desarrollados) medios masivos de comunicación, y el (espectacular y sofisticado) marketing, tenemos hoy una juventud que satisface sus deseos de pertenencia, revolución, contestación, cambio, comunicación generacional o participación, con muchas de las formas pre-existentes de música. De esta manera, el panorama nos muestra sólo grupos de música retro, bandas que hacen tal o cual género, y que en lugar de influencias tienen realidades paralelas donde su producción podría llegar a tener algún valor. La noción de rock como expresión más o menos espontánea, inconsciente y, sobre todo, huérfana (que no necesita de nada ni de nadie para ser), ha sido, nuevamente, olvidada (si es que alguna vez se recordó).
El dúo Travesti, (re)vive la idea más primitiva de hacer rock (y por qué no, música en gral), expresar con los elementos que se tengan a mano. Por eso es un dúo nomás, la ecuación más simple. Uno tiene una guitarra, que hace sonar, y que a duras penas “toca”. El otro tiene lo que consigue y lo que satisface su hambre creativa: Teclado Casio, discman, caja de ritmos, cintas pregrabadas, etc. Ninguno tiene “escuela”, pero si mucho desarrollo interior y, luego de juntarse a experimentar y hacer música, mucho autoconocimiento, lo que les generó un descubrimiento nuevo: su música.

Cualquier rollinga yaciente en una esquina del conurbano es un paria, hasta que se mata con drogas, alcohol o en la cancha, o se adecua al estereotipo y consume lo que le vende la industria por ser rollinga; en cambio, Fernando y Alejandro son unos parias que se toman el trabajo de desarrollar sus personalidades, de explotarse utilizando todo lo que se tengan a mano para producir. El mundo es ahora un poco más lindo, gracias a este desarrollo interior de un ser único e irrepetible (como todos los seres) que se dio cuenta de su condición, y decidió explotarla.
Con la exploración exterior (que todo pibe con intereses transita), buceó luego para adentro y sacó tres EPs: Travesti (’00), Feedback (’00) y Rupestre (’01). Discos en los que paulatinamente van dejando de lado la influencia como usina compositiva, para retratar el entorno en forma personal y original. Por esto, en los discos las canciones empiezan a extinguirse y sólo habitan las “piezas”. El olor a escombro, ruidos suburbanos, fabricas abandonadas y la noche como estado de ánimo, son algunas de las sensaciones que disparan estos discos residuales (el residuo de la psicotropía barrial y el post-apocalipsis social).

Travesti experimentó el crudo vivo, y utilizó la situación como parte fundamental en su obra. Un marginado local frente a la estación de trenes de Burzaco, pizzería lumpen durante el día, nada absoluta durante la noche, fue descubierto por el dúo justamente por sus cualidades de abandono. En él podrían poner su música, la que a ellos les gusta, pasar películas, juntar gente, beber a precios amistosos (¿en que otro lugar habrían podido hacer tal cosa?). Después de unos años, el local se transformó en LA NOCHE burcence. Durante ese tiempo, al igual que la pizzería, el dúo no se forzó a nada.
La pizzería experimentó el éxito (mundial, pero fracaso existencial), en cambio Travesti experimentó el Áxito (LP ‘03), que es parecido, pero lo contrario. Poco a poco, su romance con el local se fue apagando, y este primer disco, compuesto cuando el antro todavía era una puerta dorada hacia un terreno baldío, parecía una bomba de la que nadie (en realidad ellos mismos) se salvaría. Pero claro, no hay nadie a quien salvar, solo está el amor y alguien que lo personifique, el resto es nimio. La banda sobrevivió, tal vez gracias al amor, tal vez por culpa de este, y desembocó en su segundo larga duración: Las Tinieblas del Romance.


Las Tinieblas de Termidor: Disco como obra, obra como viaje, viaje como relación de amor, relación de amor como un disco. Y toda la música que hay adentro de eso... Las Tinieblas del Romance es un viaje hacia una campiña de viñedo, gruta del éxtasis. Romance y dolor, orgullo que se traga con vino, refugio amoroso. Borrachera elegante e insoportable, exceso, colapso y rotura en San Valentín. Lamento y despedida.

La tapa del disco refleja la penumbra, tiniebla del romance, pero al abrirla, el disco en sí muestra un racimo de uvas enredado en la gran “T”, puede que de Travesti, pero sin duda la de Termidor, el popular vino en tetrabrick argentino.

Toda esta melancolía borracha a través de la tiniebla, aparece en el disco como retazos de recuerdos que asoman por entre la penumbra. Con dulzura de dos acordes, el dúo lleva sus “piezas” hacía el formato canción. Tiran por la borda todas las influencias Post-Punk e industriales que le adjudicaron en su carrera, y se acercan a esta dimensión más FM, más AOR. Lucen entonces un disco muy personal, desnudo y descarnado, pero también extremo, fortaleciendo el concepto que aparece como frase en el interior del booklet: “La música no es importante”. Aun así, apoyándose siempre en un dance minimalista, y en la capa de ruido producido por el acople de la guitarra, esas “semi-baladas” permiten ser tratadas electrónicamente, teniendo a la mezcla como una herramienta más que protagónica, y dejando libre el camino para la improvisación y el cut-up que tan bien les sienta en vivo. Las melodías de voz flotan sobre estas capas sonoras, y entonces las posibilidades en cada canción son todas.

Aunque en una escucha desprevenida pareciera que no sucede nada en el disco, todo un viaje se retrata en él, con las respectivas emociones y cambios de ritmo. Como en todo viaje, el disco arranca con ganas bien precisas, siendo los dos primeros temas los más armados y concretos. El primero, homónimo, es una balada hipnótica y repetitiva. Se escucha el ruido de un motor que arranca, y el teclado te saca a pasear por la ruta infinita y monocorde. El segundo, llamado “Poder Florecer”, coquetea con la idea de hit danceable, pero empieza a oscurecer el terreno: “...Poder florecer, lavar tus pies con el vino de mi orgullo...” Completando el mapa baladístico, encontramos las también confesionales “Un lamento lunático por mi Rebekah” y “Cuidate”. Por otro lado, alimentando el tono sombrío del álbum, aparecen unos cuantos pasajes en plan completamente posrock. Gemas electrónicas, planchadas y climáticas, como “La gruta del éxtasis”, “Cientocuarenta luces de música”, “Tres días oscuros” y “Jardín Colapso” que hacen pensar en retazos de un viaje alucinado recordados por una memoria dañada.
A mitad de recorrido, como si fuera una ida y vuelta, aparece la mayor distancia del viaje: “Iloverollingstones”. Más de dieciséis minutos a puro espesor, densidad, ruido y caos. “…Soy insoportable, borracho y elegante, me refugio inseguro…” Esta tragedia saturada de alcohol y pasión completa la odisea que representa un romance. Es que a veces, el amor a uno lo transforma, pero muchas otras uno no puede dejar se ser, simplemente. Para terminar, aparece una remezcla del segundo track, que, siguiendo con la analogía del viaje, parece un regreso al lugar de donde se partió.

Mención aparte hago de lo que para mi, son las dos mejores canciones del disco, por que logran el cometido mejor que ningún otra, por su (de)formación tan original, porque terminan de generar la idea completamente: “Hacerte reir”, y “Vibraciones del Confort” (esta última además, la mejor y más sorprendente canción en vivo). En ambos temas, tanto la base rítmica como los arreglos (¿?) y acordes (¿?!!!) de guitarra están tan despojados del fraseo suave y repetitivo de la voz, que las piezas enteramente parecen un conjunto de recuerdos tratando de completar el panorama de la situación que se describe. Alcohol para olvidar en su momento, y alcohol para completar los recuerdos al momento de cantar. Entre retazos y huecos, se genera un caos impredecible, que permite ser ordenado poéticamente de mil maneras distintas (por eso debe ser una de las mejores canciones en vivo). En la primera (amor) la imagen es completamente sexual ("dame tu minuto francés") y en la segunda (viaje), se oye unos gritos en Portugués.

La postura y el sonido de Travesti, la forma de trabajar una canción, y de llevarla al vivo, representan una idea distinta. Cierta rotura de tradición con el grupo de rock, que por otro lado, puede que en el año 2000, comparta ciertos parametros y/o ideas con grupos anteriores. No obstante, no ha habido ninguno que suene así, ni que trate los temas que el dúo argentino trata. Heredan, tal vez, una concepción del rock y del arte, una mirada y una idiosincrasia, pero no las formas, ya que (volviendo a lo que decía en el inicio del post) las realidades y personalidades de sus entornos e integrantes son completamente distintas. Realidad conurbanense y personalidad “Paranoide hasta la muerte, paranoide de verdad”...

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